Sorprendida y algo confusa, sonrió con tierna mirada a su amiga mientras se dirigió al sótano. Cuando la camarera volvió, ya había tenido tiempo suficiente para pensar en sus palabras y fue a su encuentro. En la conversación que entablaron, Akane insistió en que ella no era el alma de la Taberna, que esa personificación recaería sobre todo aquel que considerara aquel lugar como su hogar, porque sin ellos la magia del aquel mundo no habría nacido nunca.
Remarcó que todos eran indispensables y sugirió que aquel nuevo “rincón” formarse parte de todos y cada uno de los presentes. Aquellas palabras dieron paso a un fugaz pensamiento que raudo se acunó en la mente de ésta.
Haciendo alarde de su conocida impulsividad, se subió a un taburete cercano, dispuesta a proclamar su discurso a todo aquel que quisiera oirla:
-La Taberna siempre ha tenido un buen recibimiento para los viajeros y con todo aquel que necesitara un nuevo hogar, de ahí que este punto de convergencia haya llegado a albergar, en mas de una ocasión, a una gran multitud de individuos; entre los que llegaban para tomar una refrescante bebida, los que se quedaban deleitando las dotes culinarias de nuestros fogones y los que acababan de aparecer por la puerta, se fueron ocupando todos y cada uno de los metros de estas cuatro paredes, dejando de esta manera asfixiada a nuestra chimenea, que en tantas ocasiones nos ha servido de lumbre en nuestras viejas reuniones. Por ello, propongo dos cosas: la primera, que en la construcción de la nueva habitación se incluya una chimenea y en segundo lugar, que se adecue dicho habitáculo para la recepción de futuras reuniones. Mi deseo es que, volvamos a tener un rincón algo mas íntimo, dónde podamos, como bien sugería mi querida Adara, desahogarnos y disfrutar de unas largas charlas entre viejos amigos.-
Tras su monólogo, Akane esperó las opiniones de los taberneros.
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